Tomado de la Revista Vistazo
Edición Agosto 2012
Fernando Iwasaki y Ana María Shúa visitan Guayaquil este mes, en una semana dedicada al microrrelato.
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Solange Rodriguez
“Intercambios breves pero no por eso cortos”, dice el escritor español Andrés Neuman, en referencia a las nuevas formas de relacionarse socialmente en el siglo XXI: redes de amigos, micro blogs y foros que demandan de sus usuarios síntesis y precisión para armar un discurso cada vez más comprimido. En este marco de vida moderna ultra veloz, una forma literaria llamada microrrelato, que puede definirse como un híbrido entre la estructura del cuento clásico y la sugerencia de la poesía, ha empezado a tomar dimensión en la escritura de autores hispanoamericanos. Frente al largo aliento de la novela, el soplo refrescante del microcuento es una opción para quienes no desean perderse en laberintos literarios como las frondosas novelas de Jorge Volpi o de Roberto Bolaño, pero aprecian el ingenio de la buena literatura.
Juan José Arreola (México), Guillermo Cabrera Infante (Cuba) y Julio Cortázar, reconocidos escritores de estos últimos 50 años, han realizado ejercicios de brevedad dentro de su prolífica producción, pero el caso más sonado es el de Augusto Monterroso (México) quien curiosamente no es recordado por su novela “Lo demás es silencio” si no por el célebre relato enano, “El dinosaurio: cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, que ha merecido pifias, homenajes y parodias. Como ejemplo está la paráfrasis que de él hace el argentino Pablo Urbany: “Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí”. Pero lo cierto es que el dinosaurio, como la bestia paleolítica que es, parece persistir y no por su tamaño precisamente.
Fernando Iwasaki (Perú) y Ana María Shúa (Argentina) dos escritores consagrados en este y otros géneros, visitan Guayaquil en agosto, con motivo de Ciudad Mínima, una semana dedicada a la micronarrativa organizada por el espacio cultural Palabra Lab. Entre los eventos de Ciudad Mínima habrá un concurso literario de microcuentos, una exhibición de cortos adaptados de microrrelatos de escritores ecuatorianos y extranjeros, y por supuesto, charlas y actividades con los autores invitados.
Shúa e Iwasaki han publicado ambos tomos enteros de trabajos brevísimos, llegando a compilar, ella, su minificción completa en “Cazadores de letras”(Páginas de Espuma, 2009) sumando cerca de 900 páginas, y él a publicar un trabajo entre macabro y divertido llamado “Ajuar funerario” (Páginas de Espuma, 2004) que ya va por la quinta edición. Como ejemplo de su destreza para poner en cinta al lenguaje, dos de sus ejercicios de minificción:
La mujer, por Ana María Shúa
Un hombre sueña que ama a una mujer. La mujer huye. El hombre envía en su persecución los perros de su deseo. La mujer cruza un puente sobre un río, atraviesa un muro, se eleva sobre una montaña. Los perros atraviesan el río a nado, saltan el muro y al pie de la montaña se detienen jadeando. El hombre sabe, en su sueño, que jamás en su sueño podrá alcanzarla. Cuando despierta, la mujer está a su lado y el hombre descubre, decepcionado, que ya es suya. (“La sueñera”, 1984).
Aire de familia, por Fernando Iwasaki
Después de muchos años ha vuelto la vida a la vieja mansión familiar y todo me resulta nuevo y extraño: los cuadros, la vajilla, los muebles. Hay algo aterrador que me impide conocer cuanto me rodea, pero lo peor es la niña que viene por las noches a mi cuarto para atormentarme de nuevo con ese horroroso azul en los ojos. Dice que es su cuarto pero yo estaba aquí mucho antes. (“Ajuar funerario”, 2009).
Cuándo y dónde:
• 7 de agosto, 11h00. Sala experimental Teatro Centro de Arte.
Ana María y Fernando hablan con los jóvenes.
• 7 de agosto, 19h00. Mr. Books en Mall del Sol.
Presentación del libro ”Fenómenos de circo“ de Ana María Shúa.
• 8 de agosto, 20h00. Ochoymedio MAAC Cine.
Charla magistral: En breves palabras, con Ana María Shúa y Fernando Iwasaki.
Entrada libre:
Más información en: www.ciudadminima.com @c_minima'
En pocas palabras
Fernando Iwasaki
¿Desde cuándo haces minificción?
Desde el año 1995, cuando comencé a escribir ”Ajuar funerario”. Pero seguro que mi madre diría que comencé antes.
¿Por qué -aunque no sean territorios extensos para habitar- algunos microcuentos son inolvidables?
Porque funcionan como poemas, aunque debo decir que muchas personas se saben de memoria varios cantos de la “Ilíada” o pasajes enteros de Borges y García Márquez.
“Ajuar funerario” se aproxima de varias maneras a la idea de que los humanos somos futuros cadáveres. ¿Le cuentas cuentos a la muerte para ver si entreteniéndola, la vences?
El cáncer que me va a matar ya ha comenzado su trabajo, aunque todavía no lo perciba porque es un micro tumor.
¿Crees que algún día se terminará de ir el dinosaurio?
Tendría que caer otro meteorito...Además, gracias al dinosaurio de Monterroso nacieron los dinosaurios de ”Las cosmicómicas” de Ítalo Calvino. Así que mejor se queden y que se sigan multiplicando.
Ana María Shúa
¿Cómo tomas el título que te han dado algunos lectores españoles: La reina del microcuento?
Con mucha alegría. ¡Exigiendo mi cetro y mi corona!
¿Será que la micro literatura es la salvación de los lectores sin tiempo?
Todo lo contrario. Si así fuera, la micro literatura figuraría en las listas de bestsellers. Los libros que busca hoy el lector sin tiempo son las novelas larguísimas, en las que puede entrar y salir sin gran esfuerzo. En cambio los microrrelatos exigen alta concentración.
Si la literatura contemporánea ha aceptado -no sin reservas- al microrrelato, ¿pronto habrá microteatro y microensayo, micro periodismo?
¿Por qué no? De hecho ya existen los microfilmes y los microcines, ya hay festivales de cortometrajes de un minuto. El periodismo va por el mismo camino, el texto se vuelve cada vez más breve. El microensayo es antiquísimo y se llama aforismo o pensamiento (como los de Pascal).
Has incursionado en casi todos los géneros pero con persistencia en este ¿Cómo sabes que lo que vas a trabajar va a volverse un relato breve y no una novela de cientos de páginas?
Nunca me pasó que una novela se me volviera cuento, o que un cuento se redujera a microrrelato, ni viceversa. Es como si trabajara cada género con otra parte del cerebro, no se mezclan, corren por carriles paralelos.





